Un pedido
Queridos amigos, me gustaría que leyeran el texto "Tiempo de atención". Es un libro que tiene tres capítulos: 1- la cuetión personal 2- Los lugares de atención 3- Las estrategias de inserción profesional Aquí es donde le doyu importancia al tema de la cuestión personal, y una cuestión importante que es la pregunta que constituye la entrada al ser un recien recibido: Que voy a hacer ahora cuando me reciba? Les dejo el link para que puedan ver el libro en internet. http://www.martinsmud.com.ar/uploads/books/Tiempo_de_atencion.pdf
domingo, 2 de septiembre de 2012
(Fragmento del libro TIEMPO DE ATENCION (lETRA VIVA/EPISTEME (2007)
TOLERANCIA A LA FRUSTRACIÓN
Lorena: Dijiste que ibas a hablar de tolerancia a la frustración.
Asco, asco, asco me daba este concepto mientras estaba en la facultad. Lo recuerdo. Me parecía un concepto absolutamente psicológico, un concepto pueril. Estaba buscando el cielo; no una palabra tan terrenal, tan prosaica y realista. Cuando me recibí, deseaba cambiar el destino de una persona, no que me dijeran que se trataba solamente de resistir la frustración de la vida. Yo quería otra cosa. Quería mirar a Dios a los ojos, no que me dijeran que se trataba de bancar 70 u 80 años de vida para morir lo mejor posible. No quería que me dijeran esas palabras: “tolerancia a la frustración”.
Pero después de que me recibí, poco a poco y padeciéndolo, me di cuenta de que era un concepto princeps, que quiere decir, un concepto importante, principal, siempre y cuando sepas a qué te estás refiriendo y cuánto podés apretarlo. Si aprietan demasiado este concepto, pueden salir mogólicos.
No me van a decir que lo único que tiene que hacer un psicólogo es tolerar la frustración de su trabajo… Otra vez me deprimo, aquí y ahora. ¡Miren si el docente se deprime y se va! ¡Miren si el psicólogo está mal y abandona su consultorio!
El princeps... TOLERANCIA A LA FRUSTRACIÓN. ¿Qué les parece que es?
Noelia: Hacerse cargo…
Es otra palabra que me da asco. Ni siquiera es una palabra, sino una frase verbal. Mi asco habla de mi cuestión personal. No dudo de que estas expresiones puedan ser usadas en situaciones muy importantes. Pero, a mí, me dan asco. Quizás, si vienen a este seminario dentro de cuatro años, puedan escuchar que de mi boca salen las palabras: “…hacerse cargo de ser un recién recibido”. Pero hoy no. Aún me da asco.
Hacerse cargo es una construcción verbal. Posee tanta connotación como una frase. Lo bueno que tiene es que te invita a pensar: ¿de qué me tengo que hacer cargo? ¿Y por qué me tengo que hacer cargo? ¿Por qué “cargo” es la palabra? Una frase verbal que me invita a pelear: hacerse cargo, yo me tengo que hacer cargo. ¿De qué carajo me tengo que hacer cargo?
Pero ¿qué significa esto de tolerancia a la frustración? ¿Qué significa?
Noelia: Antes de que me interrumpieras, iba a decir: hacerse cargo de la frustración es una manera de seguir adelante.
Eso es, en primer lugar, resignación y, luego, optimismo programático.
Yo estoy hablando de frustración.
Cuando decís “hacerse cargo de la frustración y seguir adelante”, estás viendo más allá de la frustración. Pero yo digo “¡frustración!” en primer lugar. ¡No saben la cantidad de veces que se siente la frustración! Llego a las dos de la tarde al consultorio cagando aceite y el paciente me dice que hoy no viene… porque no se le cantó el ombligo. Está bien, lo superaré, no me hago el harakiri pero ése es un momento de frustración. Cuando uno se lo pasó estudiando y no consigue una buena inserción profesional, eso es frustración. No me van a decir que después te casás, sos feliz, tenés hijos, que tarde o temprano aparece otra cosa. Hay algo ligado, primero y ante todo, a la frustración. Y la frustración no es más allá de la frustración. No hay nada más feo: ¿para qué carajo estudié? ¿Para qué carajo estoy acá? ¿Para qué soy esto: para esto?
Eso es la frustración. Entonces, tolerancia a eso. Y no estoy hablando de pasar la frustración, de ir más allá de su presencia.
Noelia: Pero en algún punto se pasa la frustración y eso es una manera de bancar la frustración, una manera de superarla.
No sé. Yo soy muy optimista y eso no lo sé. Sé que hay otras cuestiones además de la frustración. Pero no sé si es una posición superable. Una frustración amorosa ¿se supera?
Lorena: Con otra.
Con otra, puede ser, en cierta medida. Pero hay frustraciones amorosas que no se superan. Yo estoy todavía absolutamente compungido por una frustración amorosa que tuve hace 20 años. Está bien. Ahora soy feliz. Pero la frustración es insuperable.
¿Qué mayor marca, qué marca más indeleble que una frustración? Hay gente que se dedica a ser frustrada porque no hay mayor marca que la frustración. Cuando uno habla, ¿de qué habla? ¿De lo que le salió bien o de lo que se frustró?
Si hay una manera de bancarse la frustración es hacer algo con la frustración, que es dejar marca. ¿Pero cómo? Eso es ser artista. Y ustedes podrán decir: ¿además de psicólogos, tenemos que ser artistas?
Lorena: Te quería preguntar acerca de cómo incide la autoestima en el recién recibido.
“Autoestima” es otra palabra que me daba asco.
Lorena: No hablo más.
No, hablá, hablá, que a mí me viene bárbaro. Tu ayuda es inestimable. Se dan cuenta de que, en este punto, estamos hablando de las diferentes dependencias en el trabajo: de las condiciones laborales, de las derivaciones, de nuestra hipocondría y, ahora, estamos hablando de la gran dependencia: la dependencia de las palabras. Somos grandes esclavos de las palabras.
La autoayuda. Es otra palabra que, junto con la tolerancia a la frustración me daba asco. Ahora, es una palabra que me parece que hay que pensarla y que debe tener sus cuestiones interesantes. Es un concepto que te repiten los pacientes: “Debo tener la autoestima baja…”
Y yo digo “auto-estima”. “Auto” viene de otra cosa reflexiva. Se dan cuenta de que yo soy un antirreflexólogo. Yo creo en exponer a otro lo que uno es porque la resonancia de lo que el otro devuelve, me remite a algo de mí. Creo un objeto, construyo un objeto o veo qué del objeto me refleja y eso me remite a mí. No soy reflexólogo, en el sentido de volver autoconsciente lo que me pasa, hacerme cargo de mí mismo y calibrar mi nivel de autoestima. ¡Puaj!
Julián: Quizás lo que te pasaba era que no estabas de acuerdo con el concepto de “tolerancia a la frustración” por la palabra “tolerancia”. Tolerar no es uno de los temas más sencillos.
Es cierto. Tolerancia. Es una bonita palabra pero ¿cómo toleran ustedes la frustración? ¿Hasta dónde la toleran? Porque si la toleran mucho, también es un problema: a veces, hay que putear.
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