Un pedido
Queridos amigos, me gustaría que leyeran el texto "Tiempo de atención". Es un libro que tiene tres capítulos: 1- la cuetión personal 2- Los lugares de atención 3- Las estrategias de inserción profesional Aquí es donde le doyu importancia al tema de la cuestión personal, y una cuestión importante que es la pregunta que constituye la entrada al ser un recien recibido: Que voy a hacer ahora cuando me reciba? Les dejo el link para que puedan ver el libro en internet. http://www.martinsmud.com.ar/uploads/books/Tiempo_de_atencion.pdf
domingo, 2 de septiembre de 2012
Texto publicado en Imago agenda.
El pago de los recien recibidos
El otro día en una de los tantos seminarios-taller que organizo para pensar las particularidades de la inserción laboral y profesional de los recién recibidos en psicología me hicieron esa difícil pregunta: ¿Qué te parece eso del trabajo ad honorem para los psicólogos que recién se reciben?
No sabía bien qué y cómo responder porque era una pregunta difícil y traicionera. Mi opinión frente a lo “ad honorem” ha cambiado según el paso del tiempo. Era evidente que trabajar sin recibir dinero a cambio, constituye un retroceso en las conquistas del hombre de, al menos, cien años pero esta declaración de fundamentos puede ser pueril al momento de analizar lo complejo del estado situacional actual.
Queriendo poner en ridículo la frase “ad honorem” hace diez años rastreé su explicación histórica y etimológica. “Ad honorem” significa según el diccionario etimológico “por el honor” y venía contextualizado en una historia, en una vieja y enterrada costumbre romana para quienes el trabajo ad honorem era una virtud necesaria con la que se pagaba a quienes llegaban a ciertos lugares de distinción en la polis, en la comunidad. Se pagaba “ad honorem”, se cobraba con el honor de estar en semejante lugar. Era una costumbre romana de los legisladores que trabajaban “ad honorem”, por el honor de estar ocupando ese lugar.
La práctica “ad honorem” no está tan instituida en ninguna otra profesión como en psicología y profesiones afines. La práctica de trabajo ad honorem no es “privilegio” de los psicólogos pero en ninguna otra especialidad está tan extendida y tiene como consecuencia, nada más y nada menos, que una gran proporción de la atención pública esté sostenida ad honorem y por recientemente recibidos.
No sé si la mejor manera de decirlo sea con la palabra “gran proporción” pero no imagino otra palabra en reemplazo. Una gran parte de la salud pública en psicología se sostiene con concurrentes, pasantes, visitantes, colaboradores que concurren a las tareas hospitalarias sin recibir pago o simplemente recibiendo viáticos.
Esto es hablar del sistema de salud pero también de las terribles ansias y deseos de los recientemente recibidos por comenzar a trabajar. Por comenzar a trabajar de lo que hemos estudiado, somos capaces de “cagarnos” en toda la historia del derecho laboral. El deseo paga una cuota insólita a la historia. Un recientemente recibido quiere trabajar y sabe que el trabajo pago es una de las perspectivas posibles pero que no se le abre con mucha frecuencia.
Sabe que el pasaje a una práctica profesional paga no está asegurada sino después de una gran odisea. Quién se recibe vislumbra este dilema, entonces el recibimiento requiere una preparación, una afinación subjetiva y una especial atención a “la salud mental del trabajador de la salud mental”.
Hay que estar advertidos, para no pagar tan cara esa difícil relación laboral. Para que nuestro cuerpo no se llene de síntomas o por lo menos que esos síntomas hablen de lo que estamos viviendo y queremos transformar.
Puede llamar la atención en cuanto a despiste que un recién recibido no se dé cuenta dónde está parado pero la desolación de encontrarse frente a algo tan rústico como la realidad en general demuele lo que habíamos tan sofisticadamente aprendido en la facultad. Los recién recibidos salen de la facultad sin haber pensado muchas cuestiones acerca del trabajo al que acceden.
En 1994 quería ridiculizar la historia etimológica de “pago por el honor”, en el 2004 decía que el trabajo “ad honorem” tenía más honor que el trabajo donde el psicólogo recientemente recibido paga por comenzar a trabajar. La lectura del “ad honorem” ha cambiado porque la realidad ha cambiado. Hoy “los elegidos” comienzan su inserción de manera gratuita pues otra gran cantidad ha comenzado a pagar para su inserción. Desde hace varios años el examen de residencia legitima no solamente a los residentes que cobrarán un sueldo sino también a los concurrentes que trabajarán “ad honorem” en los distintos hospitales públicos. Si a la residencia entran el 6% de los examinados, a la concurrencia entran el 30%, quedan por fuera de ese sistema de formación al menos el 64% de los que dan el examen de residencia. Y ¿qué hace ese porcentaje?
La realidad profesional de psicólogos/analistas con muchos años de recibidos es compleja en el punto de su cuestión con el dinero, parte de su trabajo les es pagado, por otra parte de su trabajo no reciben pago alguno y otra parte importante de su trabajo resulta del pagar como supervisiones, cursos, maestrías, etc.
El tema central es qué se cobra, qué se hace “ad honorem” y que se paga. La confusión puede llevar a las peores depravaciones sociales y personales. Un psicólogo puede llegar a pagar para tener un paciente, a un paciente le puede resultar “ad honorem” realizar un tratamiento. Pero más allá de estas posibles combinaciones, es regla cobrar, laburar gratis, y tener que pagar en esta profesión que se inicia cuando se termina la carrera de grado.
Y hay preguntas que hay que hacérselas y ser honestos en sus respuestas:
¿Por qué estamos laburando gratis?
¿Qué sentido tiene y hasta cuando pagar para tener las primeras experiencias laborales y formación profesional?
¿Cuánto es el valor de nuestro trabajo ligado al costo de vida y a las ofertas laborales?
Hablar de lo ad honorem es hablar de todo esto, y por supuesto es conocer cómo llegan los pacientes, cómo se organizan los profesionales para su atención y cómo son las condiciones políticas actuales
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