Un pedido
Queridos amigos, me gustaría que leyeran el texto "Tiempo de atención". Es un libro que tiene tres capítulos: 1- la cuetión personal 2- Los lugares de atención 3- Las estrategias de inserción profesional Aquí es donde le doyu importancia al tema de la cuestión personal, y una cuestión importante que es la pregunta que constituye la entrada al ser un recien recibido: Que voy a hacer ahora cuando me reciba? Les dejo el link para que puedan ver el libro en internet. http://www.martinsmud.com.ar/uploads/books/Tiempo_de_atencion.pdf
domingo, 2 de septiembre de 2012
Fragmento del libro TIEMPO DE ATENCIÓN, EDIT. lETRA VIVA,EPISTEME, 2007
El primer consultorio
Por Martín H. Smud
Una cuestión muy importante que se presenta al recién recibido es dónde, cuándo y cómo “poner” el primer consultorio. El consultorio es un tema fundamental y se plantea en forma cruda a los recién recibidos. En el libro En guardia. Crónica de una residencia en salud mental (Letra Viva, 2000) relaté la caída a la neurosis obsesiva del “novel analista” cuando quiere comprar su primer diván. Hay tantos modelos que… ¿cuál elegir? La elección del diván es la compra de un objeto con “cualidades agálmicas”. Esta “compra” está en relación con una cuestión trascendente como es el hallazgo del primer consultorio.
Los primeros consultorios son una novela y, como todo género literario, tienen variadas formas. Para los recién recibidos, existen dos formas tradicionales: el diseño y armado de consultorio en una habitación familiar o el alquiler de un consultorio. Con ambas decisiones pasan cosas extrañísimas.
Yo he atravesado, como recién recibido, por ambas opciones. En el libro Era ella (Letra Viva, 2007) se describe las alternativas de la vida amorosa de un psicólogo y su pareja, que viven juntos en un departamento donde en una de las habitaciones funciona el consultorio. Lo personal y lo profesional, por más que el psicólogo hubiera querido mantenerlos separados, por momentos, se confunden. ¡Y cómo!
La otra opción es el alquiler de un consultorio. Los recién recibidos tienen, con este asunto, un primer vía crucis si son católicos o un primer destierro por el desierto si son judíos (y no sé cómo metaforizarlo para los que son testigos de Jehová o evangélicos...)
Alquilé mi primer consultorio después de leer un aviso en una revista psi. Me interesaba la zona, era un consultorio ya armado para la atención médica (no psicológica), tenía una camilla y un escritorio gigante que no dejaban lugar más que para el médico y el paciente. Comencé a derivar pacientes para ahí; lo alquilaba una mujer que hacía de secretaria del médico. Nunca supe si era su mujer pero sí supe que era insoportable. Se ponía a hablar con todos mis pacientes. De repente éramos: los problemas de mis pacientes, el analista tratando de escuchar tras el escritorio y mi secretaria devenida consejera todo terreno. Era una sanguijuela, y gran parte de la sesión debía ayudar a los pacientes a sacársela de encima. Sospeché rápidamente que, hiciera lo que hiciera dentro del consultorio, esa mujer iba a terminar echándolos a todos. A las pocas semanas me cambié de consultorio. El segundo consultorio era mucho mejor pero ahora el problema era con el vecino de abajo. Yo trabajaba con chicos y al señor que vivía en el piso de abajo, le resultaban insoportables los ruidos del consultorio; ya había gritado en la reunión de consorcio y pronto iba a mandar atemorizantes carta-documentos. Asustado, les hacía sacar las zapatillas a los pacientes niños y les prohibía saltar de la cama al piso. ¡Era difícil seguir atendiendo en esas condiciones!
Y, entonces, el tercer consultorio… La historia sigue y sigue, hasta que, después de muchos años, tengo mi lugar donde ni el de arriba ni el de abajo me molestan. Solamente, de vez en cuando, algún chorrito del barrio intenta robarle, con dispar éxito el equipo de música del auto a algún paciente.
Lic. Melina: Lo que hice yo fue poner el consultorio en casa de un abuelo, cerca de mi casa. Parecería la resolución diametralmente opuesta a la que contás… Sin embargo, terminó en lo mismo: yéndome a buscar otro lugar.
Resulta, en primera instancia, muy tranquilizador poner el consultorio en un lugar propio, pero hay que tener mucho cuidado. Agenciarse una de las piezas de la vida familiar y convertirla en consultorio es algo tan osado como intentar salvar a la princesa que duerme bajo la vigilancia de un poderoso dragón. Les contaré algunas de esas historias.
1. Una psicóloga que trabaja y vive sola, acondiciona su living para que cumpla las dos funciones: como living de una mujer sola y consultorio de una psicóloga segura de su deseo. Lo hace increíblemente bien, siempre está limpio; saca una mesita ratona y el lugar queda, de pronto, bien acondicionado. Un día, mientras atiende a un adolescente al que lo envían sus padres porque está comenzando a fumar porros, percibe con angustia que, sobre los estantes de su biblioteca, ha dejado olvidada una tuca. El paciente, ya lo ha visto, ya es otro. Se ha metido en la intimidad del analista.
2. Un analista duerme plácidamente una insólita y rejuvenecedora siesta. Tocan el timbre, se despierta en medio de un sueño y percibe, de una manera kafkiana, que se ha convertido en un niño de nueve años. Comprende, con ese pavor infantil, que quien toca el timbre es una paciente que tiene horario en ese momento y que espera ser atendida por su analista y no por un chico ni siquiera llegado a la adolescencia.
Son muchas las historias que se me ocurren. La confusión entre un espacio familiar y un espacio profesional lleva a las situaciones más disparatadas pero también propiciadoras.
3. Un analista atendía a una paciente fóbica. En medio de la sesión, su querido gato Pepe sube por la celosía, araña el ventiluz de la puerta y se arroja hacia el entrepiso del consultorio. Luego baja para ser acariciado por la hazaña que ha realizado. La paciente, justamente fóbica a los gatos, le pide con angustia, con esa cara que nunca había puesto, que saque al gato de ahí. El analista arma el caso de manera nueva, interpreta de un modo punzante y terminan, luego de expulsar a Pepe, hablando como nunca de la relación con el padre.
Los consultorios en lugares familiares tienen ventajas y desventajas. Las primeras son la comodidad y el lugar propio, las segundas están relacionadas con la confusión entre el trabajo y la intimidad.
Si alquilan un consultorio, también hay ventajas y desventajas. La ventaja es que se abre y se cierra como un negocio, separándose de nuestra vida, pero la dificultad es que hay que apropiárselo: un consultorio debería ser tuyo (el tiempo estipulado) aunque sea alquilado.
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